“Porque hay más felicidad en dar que la que hay en recibir”
Una maravillosa historia de patrocinio

Doña Alba FLory
En una loma de un pequeño barrio capitalino en San Rafael Arriba de Desamparados vive una mujer muy especial. Su nombre es Alba Flory. Sus ojos llenos de luz y de emoción apenas muestran un poco de la generosidad que hay en su alma, a pesar de que su situación económica no es la mejor. Su peculiar y acogedora casa es ya por sí sola un regalo de paz para quienes la visitan. Y es que ella es como la viuda de la historia de Lucas 21:1-4 que, a pesar de que no le sobra para vivir, da de lo que necesita.
Doña Alba es costarricense, pero hace un tiempo vivió en Estados Unidos y fue ahí donde todo empezó. Movida por su amor por la niñez y su deseo de ayudar, se convirtió en patrocinadora de Visión Mundial de un niño llamado Min Thu que vive en Myanmar. Ella todavía conserva las fotos y algunas cartas que este niño le envió. Incluso se sabe algunas de memoria.
“Querida madre, ¿sabes?, esta semana mi padre no pudo pescar porque se enfermó y pasamos toda la semana comiendo yuca”, dice una de las cartas. “Para este niño yo era como una segunda mamá”, comenta doña Alba
“Min Thu era un niño muy hermoso y muy pobre. Vivía en una choza de hojas de palma. Cuando él me escribía yo lloraba de tristeza y de alegría. Siento que Visión Mundial me dio la oportunidad de hacer algo por ese niño, de enviar una gota de amor”, añade.
No obstante, por circunstancias de la vida doña Alba tuvo que regresar a Costa Rica. “En el momento en que me vine y tuve que avisar que ya no podía patrocinarlo me dolió mucho. Todavía recuerdo que él cumple años el 25 de agosto”, nos cuenta entre sollozos.
Pero un día ya estando en Costa Rica doña Alba vio un anuncio de Visión Mundial. “¡Qué alegría cuando lo vi en la tele! Dije: Voy a llamar y no tengo plata.” Pese a que no tiene un ingreso fijo ni cuenta con una pensión, y solo tiene la ayuda que recibe de dos hijos, ella decidió patrocinar un niño en Visión Mundial Costa Rica.
“Muchas veces me veo apretadísima. De los cinquitos corro aquí y corro allá para que me alcance y poder ayudar a mi niño. Yo sé que soy una hija predilecta del Señor y él me provee. Me siento feliz y quiero compartir, que mi corazón se ensanche. Esteban (su niño patrocinado) es un niño hermoso; quiero ayudarlo y quiero conocerlo algún día”, cuenta con emoción.
Sin duda alguna doña Alba es un ejemplo de inspiración y nos recuerda que hay más felicidad en dar que la que hay en recibir.
- Autor :Heillen Sánchez, Comunicaciones
- Fecha :2007-01-05
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