"Hace como 10 años unas personas de la comunidad me avisaron que había que apuntar a los chiquitos en un programa de Visión Mundial, especialmente como mi hijo tenía problemas de audición. El necesitaba audífonos. Me dijeron que por ahí me podían brindar ayuda. Entonces fui a la escuela y los apuntaron para el patrocinio", cuenta Margarita la mamá de Javier. "Al principio empezaron ayudándonos con útiles pero después me dieron mucha ayuda con el problema Javier", añade.
Cuando Javier era más pequeño estuvo enfermo y lamentablemente le recetaron mal un medicamento que afectó sus oídos. En la escuela no lo querían aceptar porque la maestra decía que ella no tenía la capacidad de atenderlo. Le dijo a Margarita que lo llevara a una escuela especial, pero ella no tenía los recursos.
"Conversé con la asesora de Educación Especial Lisbeth Bolaños. Ella me recomendó que lo llevara a Terapia del Lenguaje. Y tenía que llevarlo hasta Paso Tempisque", cuenta Margarita. Para llegar a la cita tenían que tomar dos autobuses y duraban 2:45 minutos para recibir una o dos horas de terapia porque habían muchos niños que requerían ser atendidos. En aquel tiempo el patrocinador les ayudaba con gastos de pasaje y comida.
Tiempo después la patrocinadora visitó a Javier. En la visita se sensibilizó muchísimo al problema de Javier. Le pidió a Margarita que le hicieran una exámenes para ver si a Javier se le podía hacer un implante pero los exámenes indicaron que no, que la única opción era colocarle prótesis auditivas.
"El patrocinador corrió con los gastos de las citas ya que es muy largo. Y le regaló las prótesis", cuenta con profunda emoción Margarita.
Antes de esto por el problema de él no podía comunicarse con los demás. "A veces en la sociedad la gente es incomprensiva y lo discriminaban. Entonces yo no lo dejaba salir a ningún lugar porque que me daba miedo que le pudieran hacer algo, cuenta Margarita.
"Antes Javier uno le hablaba y él no escuchaba. Ni entendía nada. Ahora sí", añade Teresa Marín, funcionaria de Visión Mundial.
"Tengo 16 años. Tengo dos hermanos. Me gusta el fútbol. Soy saprisista", hoy gracias a al apoyo recibido nos cuenta Javier cuando lo entrevistamos.
Su vida ha cambiado radicalmente. Ahora es muy sociable y bromea con sus compañeros de clase. Dios sin duda ha tocado la vida de Javier mediante sus patrocinadores pues gracias a ello él puede y podrá disfrutar todos los sonidos de la vida y puede estudiar y con ello tener mejores oportunidades.

